Obediente e irreverente
Así es el trece, sumado a mí, somos un treinta y dos o un cinco. Ojalá fuésemos un poquito menos cobardes.
El recorrido se hace de doce, no de once. Empieza al alba y camina hasta el ocaso. Desaparece para darle paso a ella.
Le da espacio para que camine, para que limpie y transforme. Es un trece y yo, un diecinueve; qué número tan difícil de escribir. Y más cuando se hace a media luz.
Los caminos a veces parecen laberintos para ella, aun así, logra resolverlos todos. Sigilosa y distante, andante y huyente de mí, hace la tarea día a día. Bueno, más bien noche a noche: le aqueja la luz.
Le gusta observarla, al fin de cuentas, está en las alturas. La deja andar porque sabe que su tarea es clara: es caminar. Desde lo alto contempla su propio miedo a su naturaleza, esa que no niega. Es obediente y sigue su andar, no reclama, no mira atrás, solo anda.
No pregunta y se limita, cumple con su horario y, sin mucha curiosidad, se esconde bajo un seis, a veces un cinco, quizás un siete y si está al norte, hasta un nueve.
Lo extraño es que se refugia en la raíz, que es cálida, verde, distante, donde no puede ser observada. Allí, en el principio de la humanidad, es donde huye, lejos de su realidad, de su sentir, sola, porque se quiere limitar a su tarea de trece.
En cambio, yo, en el norte frío y oscuro... ¡Qué sin sentido!, porque es en la raíz donde podría ser un verdadero diecinueve. Mi deber parece estar allá: la pradera que me necesita, la sangre que se calienta al caminar y la que se posa en las rocas a esperar. Los caminos de un diecinueve y un trece parecieran invertidos. Pero cuando estos se interceptan, forman un treinta y dos, también un cinco: la mente.
¡Magnificencia! Nun, el agua primaveral que existe al inicio de la creación, del que emerjo yo. Abundancia que fluye de manera constante en el universo, la que podemos alcanzar al sumarnos. Así, sin temor. Ya te lo digo.
“Hale to you, Osiris, Lord of eternity, king of gods, Of many names, of holy forms, Of secret rites in temples”
Eres tú, dual, muerte y fertilidad a la vez. ¿Cómo es posible eso? Absurdo y excitante me resulta. Tanto así que salgo a buscarte. En el horizonte occidental, y allá donde me sumerjo en ti, con tan solo doce, te observo de cerca, te contemplo y no te temo.
Con picardía y seducción, así me miras tú, como quien cree que no merezco atravesarte. ¿Con qué atrevimiento a calificarme? ¿Acaso no me ves? Yo lo merezco, yo lo elijo. Es mi navegar; no sabes quién va en la tripulación.
Desde Malmö, doce y diez, o sea, un trece. Y a una semana del treinta y dos. Era el 04.10.25. Y hoy ya son treinta y dos y dos días.


